martes, 25 de marzo de 2008

.tatuaje

No hay ni dos dedos de agua en cada charco. La lluvia no sirve de nada. El sol apenas entibia este rincón del mundo y ya blanquea nuevamente el hormigón del patio. Apenas unos milímetros que pudieron ser un milagro.
El viento me hace hundir la cabeza bajo las mantas o pedir auxilio para volver a casa. De nuevo la necesidad de compartir un poco menos esta vida con otros, con esquemas, horarios y preferencias tan dispares.
Por la ventana continúan pasando esas pequeñas escenas que intento retener en mi libreta. Pero llueve; y la lluvia pareciera borrarlo todo, llevarse estos esfuerzos de tinta, estos ojos.
Apenas unos dedos de profundidad. No alcanza para calmar la sed ni regar las plantas. Unos milímetros de agua que le cuestan a este día todas las posibilidades de grandeza y lo acercan al domingo.
Y el entramado del vidrio, tupido de gotitas gordas y obsoletas, tatúa con luz una espalda que se prepara para dormir.
Quizás esta noche el perfume óxido del día te seduzca y ese diseño termine en mi boca.

2 comentarios:

Raúl-flakillo dijo...

precioso de verdad

Cicloescenico dijo...

Tendre la precaucion de volver con paraguas la proxima.
Muy buena idea.

Beso.