Algunas conversaciones por MSN tienen reglas tácitas. Con algunos está prohibido preguntar acerca de los 'nicks' del otro, a veces es solo la intención de que se interpreten como cada cual quiera y a veces porque son demasiado explícitos. Hay otros que definitivamente no merecen comentarios.
Pero siempre hay dos o tres que los toman como tema de conversación y punto de partida para muchas cosas.
- hola, te aviso que antisocial+sola=amarga - me dijeron el otro día. Punto de partida de una conversación.
Otros se han compadecido de mí, a otros no les cierra mi reclusión imaginaria en esa burbuja de la antisociabilidad.
A veces está el mágico beneficio de la duda y una frase puede significar varias cosas. Ahí creo que es cuando nadie se atreve a preguntar o cuando cada cual la interpreta a su favor.
Eso es lo lindo de no verse la cara. Eso es lo lindo de poder mentir con los dedos.
Hay otras conversaciones que casi nos ponen en un diván y nos hacen decir hasta lo que callamos a vivas voces durante siglos. Pero siempre hay reglas.
Por mi parte, me es siempre más confiable la persona que menos bichitos y emoticons use. Prefiero las respuestas sinceras a los clichès que parecen estar seteados por defecto en los teclados. Por mi parte te prefiero a vos, que tímido y todo contás tus náuseas y me hacés sentir un poco más amiga de alguien.
No todo lo que uno piensa que es malo, termina siéndolo. Voy a empezar a tratar mejor al MSN, por más estúpido que me parezca, por más inútil que crea el hecho de que la gente se esconda para decir las cosas.
Al menos compartimos mi mejor arma, la palabra escrita.
lunes, 26 de mayo de 2008
sábado, 24 de mayo de 2008
.hit
Correr descalzos por debajo del cordón de la vereda, pisando la calle toda mojada, fue un verdadero hit.
Los vecinos sacudían la cabeza y espiaban casi indignados detrás de las cortinas.
Nosotros calculábamos las pequeñas corrientes de agua y nos lanzábamos en carrera calle abajo.
La etapa de los barquitos de papel estaba superada. No había nada mejor que sentir esa humedad resbalosa y prohibida bajo los pies.
El invierno nos congelaba pero alguno que otro día salíamos a pasear por esos ríos imaginarios, venciendo tempestades y acumulando resfríos hasta que casi nos curábamos de espanto.
Los vecinos sacudían la cabeza y espiaban casi indignados detrás de las cortinas.
Nosotros calculábamos las pequeñas corrientes de agua y nos lanzábamos en carrera calle abajo.
La etapa de los barquitos de papel estaba superada. No había nada mejor que sentir esa humedad resbalosa y prohibida bajo los pies.
El invierno nos congelaba pero alguno que otro día salíamos a pasear por esos ríos imaginarios, venciendo tempestades y acumulando resfríos hasta que casi nos curábamos de espanto.
viernes, 23 de mayo de 2008
.atardecer
Atardecer
apoderarse del clásico suspiro
y envejecer con fuerza
con ganas intocables
y prácticas tangibles
eso siempre.
Atardecer como pisando huevos
con los tacos recién estrenados
la frente en alto pero
la autoestima en la cuerda
floja.
Atardecer sin mirar hacia abajo
solo con los pies desnudos y apolillados
tocando el césped
la ambigüedad de cruzarse
con extraños
que son amigos de toda la vida.
Y difícilmente poder enderezarnos del suelo
para vernos el pantalón manchado de verde
menos
que menos
para saludar al recién llegado.
apoderarse del clásico suspiro
y envejecer con fuerza
con ganas intocables
y prácticas tangibles
eso siempre.
Atardecer como pisando huevos
con los tacos recién estrenados
la frente en alto pero
la autoestima en la cuerda
floja.
Atardecer sin mirar hacia abajo
solo con los pies desnudos y apolillados
tocando el césped
la ambigüedad de cruzarse
con extraños
que son amigos de toda la vida.
Y difícilmente poder enderezarnos del suelo
para vernos el pantalón manchado de verde
menos
que menos
para saludar al recién llegado.
miércoles, 21 de mayo de 2008
.el violín de becho
hoy el día me dejó esta canción en la garganta:
"Vida y muerte, violín, padre y madre
Canta el violín y Becho es el aire.
Ya no puede tocar en la orquesta
Porque amar y cantar eso cuesta."
completa aquí
Y gracias, a Alfredo, que también me regaló un nombre.
"Vida y muerte, violín, padre y madreCanta el violín y Becho es el aire.
Ya no puede tocar en la orquesta
Porque amar y cantar eso cuesta."
completa aquí
Y gracias, a Alfredo, que también me regaló un nombre.
martes, 20 de mayo de 2008
.de todo
Ayer fue raro. Muy raro. Me sentí viviendo en otro año, en otro lugar, sentí la ciudad muy ajena, desde mis suburbios hasta el centro, que me deparó una tarde también remota y sacada de mi álbum personal.
La lluvia que no llueve. La lluvia respirada por la piel, el cielo que tengo ganas de comer a cucharadas, el ómnibus que me zarandea entre canciones patéticas que soporto solo para escuchar las buenas.
Y todo me despierta, me hace flotar en una realidad ausente, muy muy lejana.
Me transporto a días del fin de mi adolescencia y rostros conocidos aparecen en los vidrios empañados de humedad. Los poemas que escribía en aquel entonces y hoy me parecen absurdos le gustaban a aquel anarquista que vociferaba incoherencias y me enseñaba de música y lealtades. Porque Artigas son los padres.
El loco desfiló en la tarde mientras dibujaba con mis dedos rotos en las ventanillas esas promesas que nunca se cumplieron, "una tarde de té en tu casa, vos tocando en el piano Amèlie", "La próxima que venga Dolina vamos juntos", "Ojalá volviera Tiersen para ir a verlo", "Aún no pude leer 'A brave new world', pero ya lo voy a hacer".
Y continúan, despidiéndose de la cordura de las nubes que pronto romperán en llanto. Sigue el día inexplicable y confuso.
Y hoy llovió.
Lo atacó en la mañana, me dejó el patio de hormigón como testigo.
Y las uvas de la parra que ya no existe y el naranjo del frente que cortaron y las corridas jugando a la escondida en todo lo ancho del terreno y mi próximo cumpleaños de chocolate. Todo viene en estos días de otoño de mentira.
Y al volver a casa un nuevo espectáculo de prostitutas poblando las esquinas de la avenida y los rincones oscuros del barrio.
Los suburbios me respiran en la nuca y me dan tregua para llegar sana y libre a la cama.
La lluvia que no llueve. La lluvia respirada por la piel, el cielo que tengo ganas de comer a cucharadas, el ómnibus que me zarandea entre canciones patéticas que soporto solo para escuchar las buenas.
Y todo me despierta, me hace flotar en una realidad ausente, muy muy lejana.
Me transporto a días del fin de mi adolescencia y rostros conocidos aparecen en los vidrios empañados de humedad. Los poemas que escribía en aquel entonces y hoy me parecen absurdos le gustaban a aquel anarquista que vociferaba incoherencias y me enseñaba de música y lealtades. Porque Artigas son los padres.
El loco desfiló en la tarde mientras dibujaba con mis dedos rotos en las ventanillas esas promesas que nunca se cumplieron, "una tarde de té en tu casa, vos tocando en el piano Amèlie", "La próxima que venga Dolina vamos juntos", "Ojalá volviera Tiersen para ir a verlo", "Aún no pude leer 'A brave new world', pero ya lo voy a hacer".
Y continúan, despidiéndose de la cordura de las nubes que pronto romperán en llanto. Sigue el día inexplicable y confuso.
Y hoy llovió.
Lo atacó en la mañana, me dejó el patio de hormigón como testigo.
Y las uvas de la parra que ya no existe y el naranjo del frente que cortaron y las corridas jugando a la escondida en todo lo ancho del terreno y mi próximo cumpleaños de chocolate. Todo viene en estos días de otoño de mentira.
Y al volver a casa un nuevo espectáculo de prostitutas poblando las esquinas de la avenida y los rincones oscuros del barrio.
Los suburbios me respiran en la nuca y me dan tregua para llegar sana y libre a la cama.
domingo, 18 de mayo de 2008
.por la calle
Voy a hacer de cuenta
que no te vi
voy a cruzar -sí, ya cambia el semáforo- a la vereda de enfrente
voy a
hacer de cuenta
que no te conozco
soy hábil
bajando los ojos
apelando a mi astigmatismo
a mi despiste
a mi...
como sea.
Dejo de taconear fuerte
pretendo pasar
desapercibida
ay!
pero justo
bajaba el cordón
y una tentación suicida
me hizo levantar la cabeza.
Hice de cuenta
que miraba otra cosa
pero era tarde
crucé al fin y me perdí hacia abajo
en el laberinto de sintechos y basura.
A la noche le mostrarás al resto
el pedazo de una cancioncita boluda
y vas a pretender
que me dé
por aludida
sin olvidar
por supuesto
el beneficio de la duda.
Yo de seguro
pasaré dos horas
la mirada fija
pensando qué de original
para no decirte
que no te vi
voy a cruzar -sí, ya cambia el semáforo- a la vereda de enfrente
voy a
hacer de cuenta
que no te conozco
soy hábil
bajando los ojos
apelando a mi astigmatismo
a mi despiste
a mi...
como sea.
Dejo de taconear fuerte
pretendo pasar
desapercibida
ay!
pero justo
bajaba el cordón
y una tentación suicida
me hizo levantar la cabeza.
Hice de cuenta
que miraba otra cosa
pero era tarde
crucé al fin y me perdí hacia abajo
en el laberinto de sintechos y basura.
A la noche le mostrarás al resto
el pedazo de una cancioncita boluda
y vas a pretender
que me dé
por aludida
sin olvidar
por supuesto
el beneficio de la duda.
Yo de seguro
pasaré dos horas
la mirada fija
pensando qué de original
para no decirte
domingo, 4 de mayo de 2008
.hojitas
Voy creciendo y pienso que cada vez tengo menos ganas de escribir sobre mí. Cada día siento más el peso de esa lluvia invisible y constante que me cubre los ojos y no me deja ver nada más allá de unas cuantas frases que ya he gastado años en repetir.Sin embargo, cada vez más lo que escribo se parece a mí.
Cada vez más hablo de mí con frases elípticas y analogías extrañas.
Pero no deben creerme. Porque yo también soy mentira.
Cada vez más me canso de decir hice tal o cual cosa, me siento así o asá, pero cada día me invento una frase que me creo.
Y de alguna forma vuelvo a ser eso.
Y me repito.
Hoy junté unas hojitas y las puse sobre la mesa para mirarlas. Amarillas, muy amarillas las hojitas. Otras con un poco de marrón.
Agradecidas por mi admiración, me soplaron al oído sus experiencias de viento y el pequeño chaparrón que hoy las sacó de la cama.
Ya no tengo ganas de autobiografiarme y sin embargo...
lunes, 28 de abril de 2008
.frases sueltas
Me encuentro la palabra de casualidad.El día no se decide, apenas llama mi atención para que le dedique unas líneas.
El té de durazno parece no haber surtido efecto. Debo buscar una droga más potente.
Comparto, si alguien la quiere, esta soledad impermeable.
Hay tanto por hacer.
Se escurre el tiempo como puñaditos de arena entre los dedos. Parece la sombra de un río, algo verosímil pero inexistente.
Y aquí nomás un micropoema que le dedico a una personita:
El glamour de tu peinado
consiste nada más en un lápiz dorado.
Y dejo que las gotitas de la llovizna me mojen la nariz y mis pecas.
viernes, 11 de abril de 2008
.desconocido
- ¡Qué clima! ¿eh?
- Querrá decir 'qué tiempo atmosférico'; el clima es un promedio de los estados del tiempo en una región durante un período de aproximadamente diez años.
La señora trueca su sonrisa, preámbulo de simpatía, en un gesto de confusión, pero no desiste de entablar conversación con el desconocido que ha ocupado el asiento de al lado ni bien ella ocupa el suyo.
- Tengo un nieto de su misma edad... - comienza nuevamente.
- ¿Y cómo sabe mi edad? - Esta vez la mujer se endereza en el asiento y gira un poco para mirarlo con más atención. Por su parte, él mira hacia afuera por sobre la nariz de su compañera de asiento, como si nada extraño hubiera sucedido.
- Bueno, déjeme adivinar - prosigue la mujer con admirable buen humor, pero también un poco de cautela.
- Como dejarla, la dejo - responde él, con el mismo tono impasible de antes.
La señora suspira y mira un segundo el vidrio empañado y sucio del ómnibus.
- Debe tener unos veinticinco, mi nieto mayor tiene esa edad.
Por primera vez él le sonríe y la mira.
- Veintisiete - afirma, convencido de que la rotundidad de la respuesta acabará con la charla. Pero esta ola de optimismo caduca con una nueva frase.
- ¿Y qué hace? ¿Estudia?
Él se limita a sonreir tristemente y fijar la mirada en los goterones que resbalan por los vidrios.
El coche se detiene, se intercambian algunos pasajeros y la mujer aún aguarda la respuesta del desconocido.
- Me asombra su interés. - le explica él apenas mirándola de reojo, procurando concentrarse en la ventanilla - De veras que el tiempo está terrible.
- Está terrible, sí.
Él toma las manos de la mujer entre las suyas, hundido por la culpa de haber jugado con esa situación que lo debilita.
- ¡Pero qué joven tan cariñoso! - Dice con toda naturalidad la señora, mientras la cabeza de él cae sobre su hombro, conteniendo una oleada de sollozos.
Algunas cuadras después, un frase arranca a la mujer de su letargo. Su compañero se incorpora y la toma dulcemente del brazo.
- Vamos, abuela, la que viene es la del hospital.
- Querrá decir 'qué tiempo atmosférico'; el clima es un promedio de los estados del tiempo en una región durante un período de aproximadamente diez años.
La señora trueca su sonrisa, preámbulo de simpatía, en un gesto de confusión, pero no desiste de entablar conversación con el desconocido que ha ocupado el asiento de al lado ni bien ella ocupa el suyo.
- Tengo un nieto de su misma edad... - comienza nuevamente.
- ¿Y cómo sabe mi edad? - Esta vez la mujer se endereza en el asiento y gira un poco para mirarlo con más atención. Por su parte, él mira hacia afuera por sobre la nariz de su compañera de asiento, como si nada extraño hubiera sucedido.
- Bueno, déjeme adivinar - prosigue la mujer con admirable buen humor, pero también un poco de cautela.
- Como dejarla, la dejo - responde él, con el mismo tono impasible de antes.
La señora suspira y mira un segundo el vidrio empañado y sucio del ómnibus.
- Debe tener unos veinticinco, mi nieto mayor tiene esa edad.
Por primera vez él le sonríe y la mira.
- Veintisiete - afirma, convencido de que la rotundidad de la respuesta acabará con la charla. Pero esta ola de optimismo caduca con una nueva frase.
- ¿Y qué hace? ¿Estudia?
Él se limita a sonreir tristemente y fijar la mirada en los goterones que resbalan por los vidrios.
El coche se detiene, se intercambian algunos pasajeros y la mujer aún aguarda la respuesta del desconocido.
- Me asombra su interés. - le explica él apenas mirándola de reojo, procurando concentrarse en la ventanilla - De veras que el tiempo está terrible.
- Está terrible, sí.
Él toma las manos de la mujer entre las suyas, hundido por la culpa de haber jugado con esa situación que lo debilita.
- ¡Pero qué joven tan cariñoso! - Dice con toda naturalidad la señora, mientras la cabeza de él cae sobre su hombro, conteniendo una oleada de sollozos.
Algunas cuadras después, un frase arranca a la mujer de su letargo. Su compañero se incorpora y la toma dulcemente del brazo.
- Vamos, abuela, la que viene es la del hospital.
miércoles, 2 de abril de 2008
.quién sabe
"Sabíamos no decirnos nada
conservando en apariencia
una amistad consolidada..."
Las pastillas del abuelo - Quién sabe
Llega tarde y el cementerio le llena toda la ventanilla con su imponente volumen y su olor casi imperceptible.
Llega tarde y no piensa en eso. Prefiere hacer tintinear las monedas de su bolsillo y ver el cementerio a su derecha la hace remontarse a las contadas veces en que se ha visto obligada a concurrir.
A la izquierda desfilan los pintorescos puestos fúnebres con un registro amplio del santoral como nombres, las flores dramáticas en los estantes y niños jugando, mezclados entre la vida y el negocio de la muerte.
Un niño se sube al ómnibus y dejan de tintinear las moneditas en su bolsillo, ofrecidas con una sonrisa y sin nada cambio.
El día respira cuando el ómnibus deja atrás el ancho muro en su marcha a destino. Ella respira el nuevo aire y piensa en su propio destino manchado de incertidumbre.
Y en el lugar previamente estipulado la espera el comienzo del fin de la tarde, con disculpas aceptadas por la tardanza y galletitas.
"...Hola, qué hacés, convidame un pucho / que me tenés abandonada". Y el beso en la mejilla de tantas veces queda esta vez suspendido en la historia, en el imaginario personal y en ese recoveco del alma que se llena de señales ignoradas. Queda como una duda, como el límite entre lo que fueron y lo que, quién sabe, llegarían a ser.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
