La noche temprano y llena de golpes. Cataplúm de risas en encuentros y reencuentros de gelatina.
Se nos sigue olvidando revisar la fecha de caducidad antes de asistir a las fiestas y de pronto el óxido de una lluvia desprevenida nos sacude los huesitos dulces o nos pone los pelos de punta.
Humo y saliva parece ser todo lo que queda, el resto sólo es falta, ausencia y paz de promesas frágiles.
Llueve al fin y no alcanza, aunque duela mucho el agua, no alcanza. No sé para qué, pero no es suficiente.
domingo, 31 de julio de 2011
miércoles, 27 de julio de 2011
Reencuentro
[post sin lluvia]
Volveremos con la próxima lluvia... porque mucha agua corrió bajo el puente, muchas idas y vueltas confluyeron en este redescubrirnos enteras, hermanas cósmicas, socias de la vida.
Volveremos a tejer palabras con las pequeñas gotas y los chaparrones, en días de tormenta o de garúa.
lunes, 2 de agosto de 2010
.de cartón
De nuevo pasaron días de lluvia sin escribir acá, rompiendo mi promesa original, comprometida con este sitio.
Ahora escribo desde los restos, imaginando un texto cual arcoiris, colores luego de la tormenta.
Amagando todas las ganas de algo y quedándose en la cama, la muñeca de cartón no tendrá flores pintadas en su vestido.
Eligió adornos de papel para su pelo, collares de colores, broches de pan y sal para prenderse en la ropa.
Y nada. La calle la recibe zumbando agonías, mojándole los pies y pudriendo su corazón también hecho de cartón.
No hay nada tibio, un calorcito de madera con olor dulce, leñita seca que crepite y no llegue a quemar su cuerpo de cartón mojado. No hay pinturas que logren restablecerle la sonrisa.
Se detiene su perfil lineal y se desdibuja las manos, poco a poco, para no poder tocar más nada, para no poder aprisionar más mariposas ni abrir puertas ni acumular tesoros.
Abre la tarde, como las capas de su cuerpo, que obtiene formas nuevas una vez que se seca.
Ahora escribo desde los restos, imaginando un texto cual arcoiris, colores luego de la tormenta.
Amagando todas las ganas de algo y quedándose en la cama, la muñeca de cartón no tendrá flores pintadas en su vestido.
Eligió adornos de papel para su pelo, collares de colores, broches de pan y sal para prenderse en la ropa.
Y nada. La calle la recibe zumbando agonías, mojándole los pies y pudriendo su corazón también hecho de cartón.
No hay nada tibio, un calorcito de madera con olor dulce, leñita seca que crepite y no llegue a quemar su cuerpo de cartón mojado. No hay pinturas que logren restablecerle la sonrisa.
Se detiene su perfil lineal y se desdibuja las manos, poco a poco, para no poder tocar más nada, para no poder aprisionar más mariposas ni abrir puertas ni acumular tesoros.
Abre la tarde, como las capas de su cuerpo, que obtiene formas nuevas una vez que se seca.
domingo, 18 de julio de 2010
.one wing
Con un ala es imposible volar, claro. A veces en la lluvia, si el viento quiere, te ayuda un poquito
lunes, 5 de julio de 2010
viernes, 18 de junio de 2010
.pie de guerra
Estamos en gerra
y así nos va a la distancia y a mí,
tenemos un alma prestada cada una,
con término difuso y sin garantía.
Absorbemos lentamente los comienzos,
los devoramos, excitadas y fatales;
estamos en guerra y la muerte y el placer
son una misma cosa por momentos,
mientras tenemos que pensar en catástrofes.
Estamos en guerra
y así nos va a la cobardía y a mí.
Anestesiamos juntas todo recuerdo,
nos vaciamos de amor,
nos llenamos de paciencia.
y así nos va a la distancia y a mí,
tenemos un alma prestada cada una,
con término difuso y sin garantía.
Absorbemos lentamente los comienzos,
los devoramos, excitadas y fatales;
estamos en guerra y la muerte y el placer
son una misma cosa por momentos,
mientras tenemos que pensar en catástrofes.
Estamos en guerra
y así nos va a la cobardía y a mí.
Anestesiamos juntas todo recuerdo,
nos vaciamos de amor,
nos llenamos de paciencia.
lunes, 14 de junio de 2010
.dos
Escribimos por dos día de lluvia.
Ella y yo, ambas mojándonos de soledad y frío en un invierno que se anticipa ya usado.
Ella, la intrusa de esta casa que supe llamar cuerpo, habla por mí sin palabras.
No sé escribir.
Ambas sabemos de la gravedad de los truenos. Amabas nos acurrucamos, cuerpo con cuerpo, para dormir sin nervios, pero no.
Acuden en sueños y en la vigilia sus amigos fantasmas, sus ángeles de miedo, esa imagen de Rose que tanto me gustaba, "sus óperas de nada".
Latimos en un día de tormenta eléctrica, le enviamos cartas de condolencias al sol. Ambas sudamos medias a rayas, estómagos con sueño y noches infelices. Ambas travestimos el día y jugamos a disfrazarnos una de la otra. Sus manos transparentes de tan blancas me pintan los labios con la sangre que cuelga de todas y todas las flores de la casa. Yo peino su cabello envidiablemente largo y sedoso con una costilla de vaca que guardo desde hace siglos. Lo enrosco y desenrosco mientras reímos, juntas y entrelazadas por dos dedos de locura.
Amamos. Con locura, con furia, con tristeza. Con tristeza. Con ganas de remendarnos la boca y la amnesia, el olor a muerte de adentro, esta escinción rotunda de días no festivos.
Ella y yo, ambas mojándonos de soledad y frío en un invierno que se anticipa ya usado.
Ella, la intrusa de esta casa que supe llamar cuerpo, habla por mí sin palabras.
No sé escribir.
Ambas sabemos de la gravedad de los truenos. Amabas nos acurrucamos, cuerpo con cuerpo, para dormir sin nervios, pero no.
Acuden en sueños y en la vigilia sus amigos fantasmas, sus ángeles de miedo, esa imagen de Rose que tanto me gustaba, "sus óperas de nada".
Latimos en un día de tormenta eléctrica, le enviamos cartas de condolencias al sol. Ambas sudamos medias a rayas, estómagos con sueño y noches infelices. Ambas travestimos el día y jugamos a disfrazarnos una de la otra. Sus manos transparentes de tan blancas me pintan los labios con la sangre que cuelga de todas y todas las flores de la casa. Yo peino su cabello envidiablemente largo y sedoso con una costilla de vaca que guardo desde hace siglos. Lo enrosco y desenrosco mientras reímos, juntas y entrelazadas por dos dedos de locura.
Amamos. Con locura, con furia, con tristeza. Con tristeza. Con ganas de remendarnos la boca y la amnesia, el olor a muerte de adentro, esta escinción rotunda de días no festivos.
viernes, 4 de junio de 2010
.lluvia roja
La lluvia me hizo reír y enojar a la vez. Salir a la vereda mojada después de cuatro horas de hospital, suero, malos ratos, sangre, preguntas, nervios.
La humedad se reía de mí, se convertía en una metáfora perfecta para mi desdicha. Llover, como mi cuerpo derritiéndose en fluidos, como mi ánimo escurriéndose cual agua.
La lluvia quizás tuviese algo de sanadora, entonces. La ropa sigue mojada, yo me miro frente a las medias, una pollera, una toalla, como frente a un espejo. La piel estirada y oscura, las marcas de los palillos, la pesadez que les da esa apariencia tan vulnerable, su densidad mojada.
Respiro, espero el verbo, me desangro hasta que alguna hora tenga mi nombre.
La humedad se reía de mí, se convertía en una metáfora perfecta para mi desdicha. Llover, como mi cuerpo derritiéndose en fluidos, como mi ánimo escurriéndose cual agua.
La lluvia quizás tuviese algo de sanadora, entonces. La ropa sigue mojada, yo me miro frente a las medias, una pollera, una toalla, como frente a un espejo. La piel estirada y oscura, las marcas de los palillos, la pesadez que les da esa apariencia tan vulnerable, su densidad mojada.
Respiro, espero el verbo, me desangro hasta que alguna hora tenga mi nombre.
sábado, 29 de mayo de 2010
viernes, 28 de mayo de 2010
.gigante
El día se atropella entre las cejas de una tarde quieta. Los planes, las corridas, los regalos futuros, las piezas de un rompecabezas que va a armarse en breve.
La ciudad se atraviesa de calor y sueños. Y gotas de palabras nunca dichas hacia el final de la noche.
Una tormenta tiene miedo de mí.
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