miércoles, 27 de mayo de 2009

• ellas

Prefiero muchas veces dejarlas adentro, vírgenes impolutas, impronunciadas. Si explicara que es libélula o jazmín tal vez su belleza sería mayor que la de insecto o planta. Pero hay que dejarlas dentro, no parirlas para que no duelan, para no pedirles perdón. Ellas juegan con mi lengua, yo las siento ahí, dando vueltas verticales, sinónimas mi lengua y ellas.
Hace un tiempo vengo rumiando ese tema de las palabras.

4 comentarios:

Catalunya - Blog para temps de pluja dijo...

La Palabra, vieja danzarina que recorre a pequeños saltos la anatomía de la boca, el corazón y el aire que la somete a ser escuchada.

Es cierto, no hay precisión sin palabrerío, como no hay errores sin su colaboración. No hay nada sin ella. Pero si de una vida mejor se trata, y si la palabra pueda dañar la belleza del crepúsculo y la femeneidad de un jazmín en temporada, pues que no haya nada, solo el silencio.

Aunque asfixie, el silencio.
Aunque amustie, el silencio.
Aunque calles, el silencio.

O no, no lo sé. Quizá haya otra manera de comunicar sin derrocar la preciosidad de las palabras. Quizá se pueda, amándonos.

No nosotros, no jodas.
Soy catalán desde antes.
No he podido con mi genio.
De tan en tant, sóc gigant, si amics.

Adiós, niña con problemas de expresión. Quiérote.

Lauri dijo...

¿Dejar las palabras dentro e intentar hablar desde el silencio?
¿Tampoco?

g. dijo...

A mi me queman en los dedos, esas.

Eclipse dijo...

al fin puedo comentar!!
qué decir?

"y ahora, si enmudecen en tus ojos,
con su virginidad sacrificada,
te tocará nombrarlas para otro
y matarlas,
que es lo mismo."

ya sabés...